viernes, 26 de febrero de 2016

Kika me mira, me acosa o duerme.







 
Kika, anda rezongando.
Me mira y me lame los dedos de la mano izquierda.
Lame la punta de los dedos y me mira.
Apoya una pata en mi rodilla
y con la otra doblada, hipnotizada,
 me mira.
Interpreto que quiere ir al patio.
Me levanto del sillón y abro la puerta de cristal.
Entra el frío de enero y me da en las rodillas y en la cara.
Un enero que ha empezado este invierno que titubeaba,
antes de lanzarse de lleno sobre todo lo vivo.
El viento, decididamente frio, me deja la noche enfrente.
Sale Kika, a sus cosas, no sin antes mirarme como diciendo
"no me iras a cerrar la puerta del calor" y lo hace,
a tres patas, la derecha levantada y doblada como si
llevara el pañuelo pequeñito, con los ribetes de ganchillo,
de esos que en el XVIII usaban para cuando aspiraban rapé.
Ya más confiada se apresura a bajar los escalones y a perderse
en la boca negra del pequeño patio que tenemos.
Paso y espero haciendo alguna cosa en el ordenador
hasta que regresa y se me sube acosándome abusadora,
con sus patas en el pecho o en el bazo, acercando su hocico,
poniendose de perfil, esperando que me levante y le diga:
- "Muy bien", varias veces y entonces esparce el olor que trae del patio
donde tengo menta de Siria y artemisa, ahora sin hojas, pero
que llena de semillas en sus ramitas invita a Kika a morder
y termina con un palito entre los dientes como si viniera 
de tomar un vermú con aceituna y se trajera el palillo.
Cierro la puerta mientras "me muerde la polaina" tal
que no me deja ni caminar cuando está contenta, y pienso
que es como esa bola de hierro que llevan los dibujos de los presos
con su traje de rayas, que es lo único que me falta en el conjunto.

Ahora, me mira porque me ha dejado en los pies un hueso de plástico
esperando que se lo lance mil doscientas veces, hasta que me haga el loco
y entonces, con resignación manifiesta, se subirá al sillón y se enroscará
para soñar, qué se yo, que le hace mover las patitas y rezongar,
y así, me quedo trabajando en este blog y ella feliz en su mundo,
tambien virtual, que nunca podremos conocer porque,
tiene poco vocabulario.


© GatoFénix




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