lunes, 14 de marzo de 2016

Sin prisa, ni pausa. Sincronizando el corazón.



Esperar mirando cómo emerge el Sol
de las profundidades del Mediterraneo.
Vuelve a dejarme ahito conteniendo la respiración.

Primero, es como una pavesa de candil,
cálido y suave hasta lanzar su penacho
contra las nubes de café capuchino;
es la enorme ceja de Polifemo
madrugando en su cueva, sobre el Sol.
Lo acompañan los chapoteos de las olas
que se elevan hasta la terraza de mis oidos,
allí donde me encuentro de vigía, mi hotel RH en Gandía.
Hace frío, en pijama, todavía el doce de marzo,
pero, aún así, merece la pena estar.
Es una presencia total ante el agujero del tiempo;
la puerta que nos hace vernos frente al espejo,
de nosotros mismos como pasando
a otra dimensión uniendo los tiempos
dejándonos como si nos hubiera petrificado el momento,
sin las arrugas de los recuerdos,
como en un eterno presente.
Somos el mismo niño que se asomó a este momento
en cada momento de la vida, que los de tierra adentro,
nos hemos desplazado hasta los bordes de España
en los cuatro Puntos Cardinales no tantas veces,
y en los que, subidos a alguna loma o en la llanura de la Meseta,
hemos visto el ventanuco del Sol Naciente;
Esa gatera insondable por donde parece que escapamos completamente,
 dejándonos chamuscados los pelos, en sus jambas y dinteles flámbeos.
Aquí en la playa de gandía acompañado del majestuoso movimiento de las olas
que levantan espumas de nieve en polvo como trazos de un Snowboard
sobre el azul prusia que baila, en etapas con la gama de azules, turquesa y cian,
rizándose en algunos añiles para formar una colcha de lana y seda maravillosa.
Sabemos que es nuestra cuna y nuestra último lecho
cuando se nos pare el tiempo.
Es un magestuoso reloj que nos marca los días,
sin prisa pero sin pausa, inexorablemente.
Estamos frente a frente, amaneciendo juntos;
El sol al ritmo suave del tambor del corazón,
apenas respiramos,
casi no nos atrevemos a pensar por si acertamos a pensar
cuán efímero es el momento;
Y somos por un instante conscientes
que nosotros también pasamos
y al fin...
nos vamos
y apenas dejamos...
una rúbrica en el mar:
lo que somos.

© GatoFénix

2 comentarios:

komandoalicante dijo...

Gracias siempre me abres el alma cuando te leo y sim embargo cuando estoy con la gente no soy capaz de sacar nada de mi, en fin me lo guardo todo para mi, aunque no hay nada mejor en esta vida que compartir pero......... Yo soy asi.

Un abrazo.

Jose Maria Garcia Toledo dijo...

agradezco esta respuesta "simpática" que no es graciosa sino la que surge de la coicidencia vibracional. La granadas pueden explotar por "simpatía" sin qu eestén en contacto y las cuerda de un piano vibran, al pulsar una tecla, todas las cuerdas que conforman los armónicos.
Por tanto no es un eco tu mensaje, que sería una repetición sino una vibración armónica que puede configurar parte de un acorde.

Un abrazo