viernes, 6 de mayo de 2016

Aquel 16 de marzo de hace 5 cursos.




Podría haber sido Confucio, tan claro como lo entiendo.
Aquel dieciséis de marzo, como reza en la pizarra en la primera foto,
pasaban tantas cosas por mi cabeza que nadie puede aventurar.

No era un día más, era una cuenta atrás, de algo irreversible.
Aquello que fue mi vida cuarenta años iba a desaparecer
como cuando ese soplo que dije en "diente de león"
que te desbarata y te aboca a reconstruir la sutil esfera
de paracaidistas transparentes.

Deseaba ver con claridad, pero a veces las lágrimas no me dejaban.
Todo lo que escuchaba, era "ruido" y me parecían
verdades que nacían de deseos y de proyecciones
fruto de unas circunstancias penosas e inevitables.
Trataba de responder con amabilidad pero casi siempre
decidía por la sonrisa y el silencio.

A veces toca decidir cuando no se está fino ni acertado.
Cuando las cosa y las gentes te desbaratan no piensas
con limpieza y el dolor te lleva a retraerte o a escapar,
sabiendo que nada es una solución.

Reflexiono ahora que termina su legislatura,
pendiente de una nueva reelección porque todo es retorno en la vida.
Y se reverdecen el cinismo y la zafiedad doctrinaria
de comunistas y adláteres, constatando su ineptitud
con unos resultados contrastados,
lejos de subjetivismos.
Cualquier fracaso evidente, es, para ellos,
una nueva victoria.
El hundimiento cultural de un Instituto y sus alumnos
es un triunfo comunista que aleja a sus usuarios
de toda capacidad crítica y de toda reflexión
para tomar decisiones adecuadas a las circunstancias.

Esta fábrica de votantes "progresistas" pasaba por mi frente
en la primera imagen en la que, para centrar la dispersión
que traían los alumnos de ese trasiego de aulas
y de ese cernido de espacios y de conciencias
que los alienaba tanto como para no saber ni cuando ni dónde estaban.
Yo pintaba en la pizarra la fecha del día:
El uno es un monigote con un casco oriental de medio huevo,
con una red de camuflaje; 
porque el uno en mis ideogramas mnemotécnicos
era un soldado, así como "el seis" podría ser una mochila o una calabaza.
Con este sencillo sistema, al copiarlo en su cuaderno de clase,
empezaban a callarse y a entrar en situación, consiguiendo
alguna sonrisa cuando algunos lo coloreaban y veían que eran capaces
 de hacer algo como un graffiti que es lo que les "molaba".

Acababan de salir del aula y se queda llena de ausencias.
Han dejado ese olor a humanidad mezclada con champú
y un poco a tierra de la que llevan en sus deportivas.

El eco de las patas de metal de las sillas arastrándose
va cayendo sobre unos pupitres que en menos de dos cursos
tienen la Formica superior escariada y pintada con "blanquillo"
que a pesar de que lo tengo prohibido, por tóxico e inadecuado
para el uso escolar, como indica el envase, prolifera porque
los que mandan consideran que es malo prohibir, por principio,
en clara declaración de intenciones de que aquello
no es un centro educativo, sino más bien lo contrario
y en el mejor de los casos: 
Un "Centro de Engorde y Esparcimiento".
El destrozo del material y de las paredes lo dice todo.
Es como un centro de instrucción obligatoria, tipo "cárcel",
que se aprovecha para entrenamientos incívicos, y luego,
aprovechar su odio para hacer manifestaciones de fuerza y destrozo
en huelgas bien dirigidas o en "Gamonales" estratégicos
con el único fin de hacer efectivas las ideas de Gramsci
o las de Simone de Beauvoire camino de la República del 34
en la más terrible ignorancia sobre los hechos
estudiados con objetividad y rigor con la finalidad
de no repetir errores tan dolorosos y tan lamentables.

Poco importa lengua y Literatura, ya casi testimonial,
sólo interesan lo que a los que mandan interesa porque
aquello es un centro piloto de experimentación coeducativa
transversal e inclusiva donde el objetivo político es 
diametralmente opuesto a lo propio de esta etapa evolutiva
de los alumnos que han de afianzar conocimientos y estrategias
que les sirvan para toda su vida.

Ha pasado una nefasta legislatura que me hizo claudicar
de aquello para lo que fui formado y 
lo que fue la razón principal de mi vida.
De nuevo "los malos", alguno se espantará de leerlo,
repito "los malos" que sí existen, consiguieron quitarme de "en medio".

No crean que es una paranoia mía, son datos, meros datos constatables pero
que se los voy a ahorrar, porque son de manual.
De manual de moobing laboral, dentro de la ley; del que todos saben que, 
si se da, es mejor "abrirse" porque con cada palabra, con cada acto suyo,
te advierten que todo puede ir a peor.

No se sorprendan. 
Si los "malos" llegan al poder
lo primero es cambiar las leyes, así puede darse moobing laboral, legalmente.
El un arte eso de convertir en "legal, lo injusto".

Por eso, siguiendo a Confucio, trato de ser respetuoso en mi aspecto
y sincero en mis palabras, cosa esta última,
para la que hay que tener valor en ambientes totalitarios.
Pero es lo que hay, "si uno quiere ser serio en sus asuntos".

Por eso, siempre he preguntado cuando no sabía;
y en la ira, no he escrito nada.
Han pasado cuatro años desde aquello y,
 aunque todo reverdece, 
ya es otra primavera.

Lo último del cartel de Confucio, no se me ha dado:
No tuve oportunidad, para pensar si aquello me lo merecía.
Siempre hubo alguien, ligado a la política siniestra,
que me pasó ninguneando mis merecimientos y 
pisando mis derechos, porque 
"no era de ellos".

Sí que sigo pensando si yo merecía aquello
para llegar a esto.
Pido perdón a esos alumnos que querían que siguiera,
porque, a día de hoy, no sé si tomé la decisión acertada
y me huelo que pesó más, en ella, el miedo que el amor
y eso me entristece sobremanera.

Por lo que de sabio, nada de nada.
Un hombre corriente que no se atrevió
a morir "con las botas puestas"
y "a pie de obra",
como era mi deber.

 A 6 de mayo de 2016: primavera: 
"...la lluvia tras los cristales"...
Como un llanto sordo e hipnótico
en soledad.
Lleno de ausencias.

© GatoFénix



4 comentarios:

Magda dijo...

Sólo una cosa buena al final de ese camino, la única y que no compensa el erial en el la destrucción continuada ha convertido lo que antaño valió la pena, el claustro ha dicho no. Ahora, lógicamente, no hay quien quiera intentar revertir lo insalvable. Todo es incertidumbre.

pepebrantuas dijo...

"El hundimiento cultural de un Instituto y sus alumnos
es un triunfo comunista que aleja a sus usuarios
de toda capacidad crítica y de toda reflexión
para tomar decisiones adecuadas a las circunstancias."
Pero con el tiempo, quizás todos, recuerden a un buen profesor y algo, que acaso tú no recuerdes, fue su "luz" en un momento de oscuridad.
¡Ni lo dudes! Un abrazo...

Jose Maria Garcia Toledo dijo...

Gracias, pepebrantuas.
Quizás.

Un abrazo

Jose Maria Garcia Toledo dijo...

Gracias Magda. Todo tiene su tiempo. Einstein habló de dos cosas que eran infinitas; de la segunda, hemos tenido allí varios ejemplos y al menos dos, de haberlos conocido Einstein, no sé que habría añadido a la frase.En España decimos que "un tonto jode un pueblo" y yo he añadido, "aunque sea muy grande, no el tonto; el pueblo"

Vivir en la mentira tienen esas consecuencias.
El Mal existe y la cabeza cuando está, como por su lado, y negamos que haya algo más que dinero en este mundo llegamos a lo que llegamos con la inestimable ayuda de las Leyes y las Instituciones.
Y esto sólo ha hecho que comenzar. Y sé que hay cosas irreversibles legados a un punto crítico.

¿Esto era el progreso?
Me recuerda a Borges en aquella isla donde encontró seres a los que llama "Los Yahoo" de los que concluye, que no es que fueran primitivos, sino que eran seres involucionados.

Un abrazo