martes, 22 de noviembre de 2016

Seguimos en noviembre del año del mono chino.




Seguimos en noviembre: Noviembre en nuestras vidas.
El "oraje" es, de reclusión voluntaria.
Hace frío y viento;
lluvia de "cabello de ángel" que cala,
y espórádicamente arrecia todo.
En resumen, tiempo de meditación.
el exterios, así, queda lejos, a veces.
Tan lejos que no sabe uno cómo hemos llegado aquí.

Nosotros, cada vez menos;
y en ocasiones,
no hay un nosotros que llevarrnos a la boca
o al corazón...
Parecemos "babuchas" y chándal de mercadillo.
Ese, que aún a oscuras, reconocemos al tacto.
Nosotros mismos, sin ir más lejos, somos más reconocidos
al tacto que ante el espejo.
Los años nos van cincelando,
o llenando de más, algunas partes,
de arcilla no tan rosada como entonces.
Interiormente, a ratos, el cuerpo funciona.
Pero tambien sabemos que "los segmentos tienen hogura"
y "cilindro y pistón" no dan los caballos nominales de la ficha técnica.
Pasamos la ITV pero en el banco de pruebas,
ya somos "clásicos" y estamos descatalogados.

Hay, en este presente, un conocimiento del medio, profundo.
Profundo y difícilmente comunicable.
Es posible que esa sea una buena razón para escribir
a quienes ahora no pueden escuchar ni quieren entender
siguiendo ese adoctrinamiento feroz que llaman "educación pública".

Todo nos lleva a nuestra inutilidad social subyacente y 
las más de las veces, a la tristeza.
Este matarte lentamente nos desespera.
Un "nos" mayestático, con perdón a los republicanos,
que denota la posibilidad de que no esté solo
con estas sensaciones.
Por ejemplo, pensar que España puede desaparecer,
me conmueve.
Ya sé que tal vez no lo vean mis ojos, pero quedan mis hijos,
y los hijos de mis hijos, si los tuvieran.
Y no habrá España.
Sobre todo lo siento, porque he sido y soy
testigo consciente de todo el proceso.
He vivido de cerca, a veces, codo con codo,
con los gestores"del cambio";
con los "encofradores" de esta destrucción.
El mundo, como las personas,
se fortalece o se dirgrega, por motivos espirituales.
No he dicho "por motivos religiosos", que suelen ser otra cosa.
Creer o no creer en Cristo, es defínitivo.
La Fe Cristiana es un Don;
y como don, es un presente;
un presente que te llena de Gracia,
y por eso, digno de gratitud.
Es definitivo creer, porque se ve 
en el odio que genera en aquellos, 
que por enésima vez, nos invaden.
Ahora, "democráticamente", que es el neo-nombre
de "la piel de cordero" de toda la vida.
Aquellos que, ayudados por los ambiciosos y "tibios"
("...que los vomitaré de Mi boca")
buscando su acomodo aconomico-moral,
controlando el Mundo,
sirviendo al demonio,
gratificados por la "carne": "Sus veinte monedadas de plata"
a cambio de su alma, que les han dicho que no existe.
Todos somos "botín de guerra",
lo he visto escrito, que no me lo invento.
Todos los cristianos, como en aquellos tiempos de la antiguedad,
podemos ser devorados por las fieras, curiosamente de África,
en este "Circo Máximo de la Roma: Eterna".

© GatoFénix

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