jueves, 28 de enero de 2016

For ever Young


https://youtu.be/3xN5MCL8dfw

Como una cosa recurrente en la vida, las canciones.
Les llaman, banalizando, "la banda sonora..."
Banalizando porque dejan la vida transformada en una película
y, nada mas lejos de la realidad, aunque sea real en el cerebro.
Posíblemente los cortos y largometrajes almacenados son muchos,
pero son ajenos.
Ajenos, aunque, al entrar en nosotros, lo hacen contaminados de nosotros.
Nosotros y nuestros pensamientos, más nuestras circunstancias, "de Ortega".
Y, a pesar de ello, a la vez inmersos en el interior de lo que nosotros
hemos vivido como protagonistas, sin guión y sin saber cómo actuar.
En ese apartado entran nuestras canciones:
Las que hemos bailado con alguna chica efímera y especial,
de las que entraban en la categoría de inalcanzables a los de "a pie".
Días de fortuna o días de soledad en los que nos envolvieron músicas.
Algunas nanas en el amanecer de la vida con nuestra madre,
algunos villancicos, algunas de coro y de juego, algunas de coral religiosa,
algunas de excursion en autobús balanceando elefantes y la puta de la cabra,
luego, las de baile y soledad; en mi caso, las de conjunto músical
en bodas y baile del domingo.
En los recuerdos no solo hay sonidos e imágenes,
también aparecen pegados como un turrón de sabores, olores, sentimientos y lugares.

No es la banda sonora.
Es nuestra propia vida convertida en un sueño.
Sí. A lo que más se parece es a un sueño.
Un sueño de evocación que, despiertos, nos lleva como viajero-visitante y actor,
repitiendo gestos y acciones, palabras, silencios, miradas y conversaciones
con los seres más queridos o más relevantes de nuestra vida.
Hay canciones que al comenzar activan un interruptor que nos lleva
a un ovillo de lana que fábrica tu madre,
y tú, frente a ella, con la madeja en las muñecas;
con los brazos abiertos meciéndolos en el vaivén requerido, mirando su cara,
casi siempre en silencio impaciente con todos los pensamientos de aquel día,
los sentimientos y la atmósfera de la tarde de otoño cayendo tras la ventana. 
Notas que se te marcan en donde acaban los pantalones cortos las aneas
del asiento de la silla porque te pican y no puedes sino mover un poco el culo
para que se despeguen.
- "No te muevas que se te cae la madeja y la que vas a liar".

Todo junto en un ovillo de lana, que luego sería un jersey
de los que tenía unos botones y que siempre hacía daño
al entrar por la cabeza,
y picaba.

© GatoFénix



miércoles, 20 de enero de 2016

Los años y la invierna

















Los años y la invierna, qué mala mezcla.
Parece que cada "cuesta" que viene es más cuesta,
por lo que nos cuesta, que el resto, no es más
que lo que siempre ha dado este tiempo de invierno.

Nos amagaba y no daba, de ahí la invierna;
como una anciana huraña sonriente y juguetona.
Mansedumbre y tibieza, que casi nos florecen almendros
y de repente un viento del norte apresurado y loco
nos trae un zarpazo de hielo y un trancazo traidor
cargando el trabuco con sapos añejos o transgénicos
que me han dejado rezando más de una semana
porque estaba como decía mi padre:
"Como la tía Sabina, que no sabe si mea o si orina".

Noches de sudor y dolor de media cabeza
desde el oído izquierdo, de ahí tenía que ser, a la corona.
Me ponía las manos y me relajaba, y aquello fluctuaba
como si palpitase todo entero y alguien me hincase un colmillo;
o la uña esa que llevan algunos en el meñique, que da tanto asco,
y me perforara como un aguijón de alacrán del desierto.

Como todo, las cosas naturales, que sólo importan en campaña
y de aquella manera, se vuelven anormales.
Un otoño-invierno, como empezó, es una primavera
fuera de tiempo.
Es el pan para hoy y hambre para mañana.
No es bueno perder las estaciones porque es una avería
como cuando el piñon de la bicicleta se le iban los trinquetes.
Te quedabas pedaleando en el vacío y no avanzabas
hasta que agotada la inercia volcabas si no andabas listo
o se te enganchaba la suela de la zapatilla en los dientes de la pedaleta;
ya no digo si llevabas rastrales de las bicis de carrera.

Y ha vuelto a enganchar el piñón y parece que avanzamos
pero nos sentimos inseguros porque le hemos perdido la confianza
al piñón/tiempo y ya no disfrutamos como antes ni nos embalamos.

Ahora para San Antón, que "a las cinco con sol", empiezo a ver la luz.
Ya tengo ganas de coger la moto y eso, es buena señal.
De lo que no me entran ganas es de volver al gimnasio,
lo cual me preocupa, porque me da pereza hasta de desapuntarme.

Luego, me tocan, por ahora ,mis chequeos y tambien se nota en el ánimo;
andas como siempre en esa cuerda floja que llamamos "vida"
y que a veces, tambien decía mi padre: "Más que vida, es un (v/b)idón"
que al ser un dicho no escrito nunca sabré qué grafía le corresponde,
pues puede ser tan relevante como ambíguo su significado:
Si es una vida enorme, vidón; y, bidón, si es un recipiente rechoncho
en los que todo le cabe o puede usarse para mil cosas variopintas.

Ese tono despectivo, común a los dos términos, es lo que inquieta.
Tampoco sé si es porque el frio y los años hacen malas migas.
Y que cada cuesta de enero, de cada invierno, perdidos los camellos
(de los Reyes, claro),
ya olvidado el trineo, de reciente incorporación a la parafernalia tradicional y
saltándonos las últimas ocurrencias de potar,
más que una cuesta parece un slalon gigante por el que nos hayamos caído
y vamos "a trompa talega", que es como a toda hostia y sin control,
sabiendo que en cualquier momento damos en el abismo;
que anoche mismo soñé, y de verdad sentí lo que se siente
décimas de segundo antes de darme el esportazo.
Hay unos segundos que parece que no caes,
que te has detenido, pero es sólo una sensación.
En el segundo siguiente era:
o despertar o morir.
Y me desperté;
y me puse el termómetro;
y recordé todo en esos cinco minutos;
y, no tenía fiebre.

Ya más tranquilo, casi sonreía mirando al techo negro
y recordaba que iba pensando cómo debia caer, al tocar con mis pies el suelo,
siguiendo las indicaciones que recibían los paracaidistas para saltos nocturnos,
aunque sabía que me iba a destrozar.
Y también pensaba, a la vez, que se me clavarían las rodillas en el pecho.
Y ahí con los dos pensamientos simultáneos
me desperté dando un respingo.

Todavía hubo unos largos segundos en los que no sabía
dónde había despertado.

© GatoFénix (Aquí con la perrita Kika, durmiendo y apestando, mientras escribo esto. La vida.)

viernes, 8 de enero de 2016

Y así las cosas; son tiempos del santo Job

Una vez reventada la fiesta de los Reyes Magos,
hemos descolgao las luces de colores;
hemos retirado el árbol luminoso;
y volvemos al nuevo tiempo.

Ha llegado el frío, algunas aguas,
nieves en lo alto y el viento que nos pastorea
conduciendonos a nuestra casa para evitar
males mayores y menores.
"Si no hace viento; no hace mal tiempo"
se dice, y a mi, me parece correcto.

Una brisa, un viento prudente,
como el que mueve las hojas en un tiempo
y en otro, las hace volar como pequeños drones
de vuelo gallináceo y luego hace caracolear en el suelo
removiendo el cazo del chocolate con cuchara de madera.

Otros vientos que nos desplazan en carretera,
ya vayamos en coche o en camión, que en moto,
hace peligroso el vals que impone.

Estos son vendavales o vientos racheados
que igual se llevan un toldo que una cornisa;
un árbol serio, o un voladizo.
No se puede hablar de tiempo agradable.
Nos invita la desapacibilidad, a la paciencia, 
a la reclusión voluntaria en nuestra casa y 
si somos inteligentes,
sin caer en el adormecimiento del plasma.
Esa máguina de propaganda que entre medias
rereponen películas "ad hoc" que sirvan de refuerzo
al toreo u luego los espacios de tertulia
en los que hemos visto envejecer, encanecer
o acartonar, los mismos que siempre, salvo fallecimiento,
han defendido lo indefendible, han creado fantasmas,
pasmarotes o estafermos a golpe de guión
sin sutilezas para que todo llegue al puerto pretendido,
que es "el expectador plasmado" ya
va para veintitantos años, en España.
Lo de tontos útiles seríaetiquetarnos complacientemente,
sin acritud, que tan bien queda.
Despues de sembrar adecuadamente las mentiras convenientes
en los lugares oportunos y con un ejercito de expertos
del Gabinete Doc. Caligari o catedras o medios de masas.
Llega la cosecha,
 Con estos frutos es con los que se pretenden elaborar
un producto psico-político-social que deje "en mantillas"
al mismisimo "Retablo de las Maravillas".

Ante la situación presente, para los ingénuos, imprevisible;
nos encontramos todos impotentes, porque a todos nos han hecho
que participemos en la farsa.

Pregunto retóricamente:
¿No se podría haber marchado Rajoy 
al día siguiente de entregar la medalla a Zapatero?
¿No le ha recordado nadie,cada día, 
por qué sacó mayoria para gobernar?
¿Le suena la frase "Roma no paga a traidores"?
¿Cómo le han pagado los dirigentes y votantes del PSOE que haya prorrogado la legislatura de Zapatero durante cuatro años?
Tiempo de paciencia
Diógenes ya está por ahi con su candil en el ágora, 
no precisamente de Hipatia que bien sabe que lo que no puede ser... además es imposible,
buscando un hombre. 
No sé, si no terminará arrestado por homófobo.

Es tiempo este, del Santo Job, 
donde se relata magistralmente, de forma alegórica claro,
cómo Satán prueba a Job.  
pag. 608 de la Biblia de Jerusalem. 
Libro de Job 
I Prólogo cap. 2 y 3

Y a continuación: 
II Diálogo
cap. 4 Job maldice el día de su nacimiento.

Y así hasta el final de un relato precioso lleno de significados ocultos
pero tan bien traídos para tiempos de tribulaciones.

En el Segundo Ciclo de discursos
Cap.15 Job se condena por su lenguaje.

Muy interesante el uso de las palabras como proyeccion vana.
pag. 622
¡Tú llegas incluso a destruir la piedad,
a anular la meditación ante Dios!
Ya que tu falta inspira tus palabras,
y eliges el hablar de los astutos,
tu propia boca te condena que no yo,
tus mismos labios atestiguan contra ti.
...
Y así, hasta el Epílogo, pag. 655, 
Donde Yahvéh rehace su hacienda.

Quedo en silencio y recogido en mi, 
porque, aunque distante en su estilo oriental de decir,
me es muy próximo a la esencia del profundo mensaje de asombro
ante los inescrutables destinos que Dios nos depara.
Roto el intelecto acude la conciencia de que lo humano
es incapaz de abarcar ni comprender.

© GatoFénix