lunes, 27 de junio de 2016

Un don caído del cielo por San Juan






Y aquella noche volví a reencontrarme con ella.
¡Qué armoniosa se veía a mi lado!
Mi compañera incomprensible e incomprendida.
La abrazo rodeándola sin agobio
deslizando las yemas de los dedos por su cuerpo
buscando acordes conocidos, casi olvidados y ocultos,
entre sus trastes y bordones de tripa de gato.

¡Que bien su ritmo cadencioso y circular!...¡Qué bien!
Poniendo el conocimiento en cada paso,
en cada beso, plantando huellas hacia el encuentro.

Los silencios ocupan cada rincón de su alma cuerpo
de resonancia, y al borrarse los olvidos con el aliento
emergen notas de aromas inodoros de sabor a mar.

La sal de la vida ha vuelto, en vaivén de pequeñas olas, a la arena.
La sal de la vida desplaza la pequeña muerte, de tantas noches tristes,
de tantos tristes días de otoño e invierno 
interminables, un día...
Un día, fortuito y afortunado, milagrosamente,
como don caído del cielo,
llega a su fin.
Es la noche de San Juan de 2016
y como hace tiempo somos una hoguera
de madera de palo santo
convertidos en acorde silente y entrañable.





viernes, 3 de junio de 2016

Puede que sean "los últimos tiempos".

Aquello que no es propio de nuestra naturaleza
termina por desaparecer, como si fuera piel muerta.
Hay un efecto "rechazo" que hace imposible asimilar
"lo extraño"

Oimos hablar de tolerancia y de intransigencia, constantemente.
Pero, en el fondo todos somos hijos de nuestras ignorancias,
aquellas que "mamamos" en la infancia y las que consentimos
en el ejercicio de selección personal, dejando esto,
tomando aquello, las más de las veces sin acierto ni criterio,
sólo la "vagancia pendular" que nos acompaña desde la cuna y
la pasividad como inacción vestida de acción o fatalidad.

Nacemos del amor pero no siempre comprendemos
y aceptamos lo que supone un sacrificio.

La indolencia nos moldea y sólo
en casos de padres ejemplares y heroicos,
reconocidos y apoyados socialmente, es posible inculcar
los primeros principios, que luego, con el paso de los años
nos faciliten la tarea de forjarnos como hombres o como mujeres
"de provecho".

Han pasado aquellos tiempos y ya tenemos,
en nuestras casas, en las calles, en las instituciones, seres
que, ni han sido, ni serán hombres o mujeres,
porque así lo han querido quienes mandan;
y sin lugar a dudas, con la creencia por su parte,
de que "han puesto una pica en Flandes".

Lo han hecho con conocimiento porque no hay arreglo posible.
Eso de la reeducación sólo es un Gulag más, que acaba con el ser.
No se puede aprender nada y hacer crecer una segunda piel.
El efecto "rechazo" hace que esa segunda piel sea un disfraz temporal
y a la mínima que algo arañe sobre su ego encapsulado
salta en pedazos como la cáscara de un huevo cocido
dejando a Calimero con un trocito de sombreo, como un solideo,
mostrando su aspecto original cubierto apenas
de una cutícula impermeable que lo mantiene "su genio y figura"
inalterado "hasta la sepultura".

Han sabido hacerlo, créanme, y lo siguen haciendo impunemente,
porque ellos han hecho las leyes a "su" medida.
Pero, no se lo digan o saldrán mal parados;
que está protegida seriamente esta "ingeniería social"
porque "son los signos de estos tiempos".
Puede que,
"los últimos tiempos"

© GatoFénix (1 de junio de 2016)
 http://defiendomiderecho.blogspot.com.es/2015/03/el-ex-diputado-socialista-alfonso-lazo.html

Archipielago Gulag

http://bibliotecasolidaria.blogspot.com.es/2012/08/archipielago-gulag-aleksander.html


Nos miramos solos. Como un pacto.





Ella sabe que algo me pasa.
Gime y hace como que me ataca;
Retrocede y gruñe; toca mi tibia con su nariz
  y me mira.
Sabe que estoy triste y se me sube a la pierna.
Nos miramos.
Nos compadecemos.
Y sentimos la soledad de cada uno.
Hay una especie de abandono sufrido.
- Nadie lo aceptaría, como pasa con las evidencias -
Se pasea por encima de.mi con sus patitas livianas,
 mientras parece que llora como un bebé.
No sabe qué hacer y yo tampoco.
Espera que le diga algo.
Pero, callo.
Y debo retirar la cara porque 
intenta lamenrme la barbilla.
Espera que le arroje su hueso de juguete
  y lo deja junto a mi pié.
Me mira.
Vuelve a pasearse y va a la puerta del patio
  a rascar el cristal para que le abra.
Se sube a mis piernas y me lame la mano.
Creo que le pondré el arnés y 
saldremos juntos a la calle para que olfatee 
su territorio próximo y se distraiga.
No sé si pensará,
y si piensa...lo que pensará.
Al menos, caminaremos
como el burro en la noria
con los ojos del entencimiento, vendados
por un tiempo.

© GatoFénix