miércoles, 7 de septiembre de 2016

Consciente: El poder de la impotencia.

Llega un día en que somos conscientes.
Así. Conscientes, no conscientes de algo. No.
Conscientes.
Es un día amargo, amargo donde los haya.
Conscientes de que ya no está nuestra madre para,
sin decir nada, acunarnos y conjurar el olvido
y hacer, que la pena nos cubra como un paño suave
que nos aleja del tiempo y de los dolores del alma.

Todo esto lo alcanzamos cuando Dios quiere,
que no es fijo para nada,
un "cuando Dios quiere" y que nosotros aceptamos.

Llegamos a la soledad sin cuidados paliativos.

Una soledad que nos hace tan libres como frágiles,
y podemos morir en cualquier momento.
Lloramos pero esas lágrimas ya no las extiende nuestra madre
con las yemas de los dedos o con el dorso de la mano.
No hay palabras dichas oralmente pero
se pueden escribir.
Esa es la ventaja de no articular palabra porque no se puede.
Esas palabras llegan a las yemas de los dedos directas del alma
que como muchos saben ya ha muerto, o la han matado, y
ha sido sustituida por un apaño de nervios y neuronas
entretejidas en una maraña ordenada en nuestro cerebro.
El Mal, este Mal, si lo percibís os hará sentiros impotentes.
No tengais miedo. Va a daros igual.
No gasteis ni un segundo de vuestra vida en reflexionar.
Quiero decir en intentar comprender racionalmente.
Podéis actuar desde el corazón directamente.
Os llamaran de todo, hasta puede que loco.
En este estado las palabras no tienen mucho sentido, sois conscientes.

Es muy costoso este lugar, o estado, y no es permanente.
Es, como el Guadiana misterioso, aparece y desaparece,
pero la primera vez que lo hayáis vivido no podréis olvidarlo.

Jamás se olvida esa amargura seguida de una paz que nos anticipa la muerte.
Luego,
se sobrevive hasta que dejas de pisar el suelo y
 te desprendes de todo.
Aunque no es tan rápido, lleva sus tiempos, pero
algunas veces, de lo que más quieres y no puedes desprenderte,
eres excluido y eso, tristemente, ayuda a llegar
 a la desnudez de la consciencia.
Ya no estará tu madre mirando al fondo de ti y te hará un mohín
que te haga perder la conciencia por un instante y te haga que llegues
a un lugar distinto dentro del mismo tiempo.
Una estancia que sólo sé ubicar, escuchando el latido
de su corazón y
el calor tibio de su pecho y
la atemporal cuna de su regazo
como la semiesfera de una medusa marina/mariana
sin ningún veneno: confortable mesénquima del amor.

© GatoFénix