jueves, 20 de octubre de 2016

Otoñación.

Esta otoñación tan otoñante
me revuelve y me adormece.
Anda revuelto todo.
Toda la gente,
la que es gente oficialmente claro,
yo no tengo carné de "gente",
puede que ya esté descatalogado,
me entristece, que es mi manera de vivir la exclusión.

Esta otoñación tan otoñable
me adormece y luego me revuelve...
moderadamente.
Hace que caiga con las hojas
y tapizo el  suelo con mi alma otoñada.
No creo que estén muertas las hojas,
si cabe, dormidas en chocolate con leche.

Las ha jubilado el tiempo pasado.
Queda el presente, tan efímero como son todos.
Han trabajado de sol a sol desde su nacimiento.
Nos enseña el otoño a recoger el fruto de lo sembrado.
Nos hace sentirnos efímeros y cíclicos
mirándonos en este espejo.
La hibernación nos llama suavemente.
Como si fuera la última la vivimos;
como si, una vez otoñados,
no hubiéramos tenido primavera.

Esta otoñación nos llena de insultos en vez de agradecimientos.
Somos personas "non gratas" por haber cumplido años y no haber muerto.
Gente "malnacida" inunda las calles; regenta las escuelas;
se instala en las instituciones...
las universidades , bueno la educación es el origen,
qué decir del circo en que se ha convertido;
 y los payasos, ayudando,
parece que nunca seran otoñables.
Pasarn esa estación hasta que sean
convertidos en estatuas de granito en calles o plazas
de ese "neo mundo" dictatorial.

© GatoFénix