viernes, 27 de enero de 2017

Carmen y Pablo: la amistad como el buen paño.


 

Los Magos ya están de vuelta y
nos sobrevuelan precedidos de Papá Nöel
                                                                          © GatoFénix

Justo ayer aparecía esta ilustración propia de estas fechas
y que regalé a un matrimonio de amigos:
Carmen y Pablo de Tomelloso, firmada en el 84
La amistad es como el buen paño que dice el refrán:
"El buen paño, en el arca se vende", bueno pues
nuestra amistad ha estado junto a este dibujo en una preciosa arca
y que al verlo, nos abre un paraguas de informaciones, de imágenes, 
de risas, de comidas, de visitas 
(que eso en Tomelloso es poco frecuente por sus costumbres)
y como si de un tunel extraño, tipo agujero de gusano, nos conectara.
Podría haber sido ayer; y como que ese espacio, que suponen los años,
no hubiera existido.
La vida nos zarandea como a polichinelas de guiñol italiano.

Visto desde lejos es tan grotesco que ni nos reconocemos.
Caminamos dando tumbos, sin GPS, transitando en círculo
o zigzagueando a toda prisa para no llegar a ninguna parte.

- ¿Todo viene a ser lo mismo, no, Jose María? - Dice Pablo
- Pos, sí, Pablo - Respondo.Y no tenemos mucho más que contar.
Los hombres, que ya no quedamos, con una mirada franca,
una palmada y cuatro palabras dejamos zanjado un asunto
aunque sea tan transdendental que se escribiría una novela.

La amistad es eso muchos sentimientos y un colchón enorme, 
como de plumas, en el que nos movemos o estamos quietos
como las manecillas del reloj cuando extraemos la corona.

Pasear por Alcalá, por los lugares en donde hice la mili
es un ejercicio de locura y desvahimiento porque nada queda,
todo se ha transformado o se ha desvanecido.
Aquí estaba la sala de Suboficiales y la Prevención.
Me arrestaron a dormir aquí en un febrero gélido, en el suelo, 
con una manta, con rejas por ventanas y puerta como se ve
en las películas del Oeste.
El mismo chirriar, la misma llave y el mismo cemento helado
que al cabo de una semana me enfermó de tal manera que
de no ser atendido en la enfermería, hubiera muerto, de cierto. 

Ahora es una bibloteca confortable silenciosa y cálida y
justo enfrente estaba el Despacho del Oficial de Guardia a donde bajaba
a la firma los libros, cada noche o cuando era requerido por el Mando
cuando estaba asignado como escribiente del Oficial de Guardia.
Desfilaba el final del 76 y yo acabando el Servicio Militar
y por esas cosas de la vida me vi en una situación terrible.
Un tal sargento Carretón me acusó de barbaridades, que de no ser
por la confianza de Mi Capitan D. Bernardo Buesa y la del Oficial
de Guardia el Teniente Talaván, puede que aquello no hubiera acabado bien.

Todo esto con sólo asomar la cabeza en lo que fue mi cuartel.
Justo al lado de lo que correspondía a los Oficiales han puesto un museo.
Nos adentramos en él y vimos aquella colección de cadros con lienzos 
de los siglos XVI y XVII que parecían viñetas de estilo naif tenebrista,
donde su valor parecía más por la antigüedad que por su belleza.
Luego a la vuelta había esculturas y obras de tiempos actuales
y que una vez carentes del valor de la antigüedad no les acogía 
otra virtud y no nos gustaron ni pizca.

Ya en exterior nos volvimos a reencontrar con las calles, las plazas,
los edificios, los rincones, los portales, los patios y todo eso que 
quienes no vienen se pierden y que hace sentirte bien aunque
con una rara sensación de que no vas vestido acorde al tiempo que
ves, sientes y pisas en sus adoquines o guijarros o las paredes
de vigas vistas y las bajantes de las cañerías terminadas en dragones.

Arriba vigilantes y tranquilizadoras las parejas de cigüeñas 
con sus esbeltas patas sobre nidos descomunales afincados
en las tejados del Consistorio, y en las torres de las Iglesias del entorno
hasta en la Magistral, que cuando llegamos estaba cerrada.
Comimos en la cafeteria situada en uno de los tres patios del Rectorado
y lo pasamos francamente bien, con muy poca cosa.

                                         @GatoFénix





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