lunes, 23 de enero de 2017

Sobre el amor o la pasion inefable. Lo intemporal.

Unas hilachas como de telarañas blancas
pasan rozando mis pensamientos en la noche.
Parece que las barbas del viento del invierno
me tocan muy dentro y me agitan para recolocarme.

No hay palabras que vengan a contar los sentimientos.
La sensaciones más profundas y sus momentos:
Amor o pasión inefable...
La que empuja desde la yema de mis dedos un rubor
que arquea mi espalda y adelanta mis hombros hacia ti.
Un bálsamo de aguacate o la flor de azahar con melisa;
y un no saber que la piel es un pétalo de rosa;
o que hubiera gelatina tibia y sin esqueleto que
se descompusiera y se conformara
en el cuenco de la mano
una y otra vez.
Todavia los labios buscan donde asirse y todo
el recuerdo vuelve como inundado de saliva
y de caricias interiores que recubren mis paredes
con giros inolvidables e incontables.
Todo queda en la nube del tiempo y se descarga
con pequeños recuerdos que se abre como espitas
de viejos toneles curados por la oscuridad y el silencio
de esa cueva fresca y húmeda del inconsciente que
aleatoriamente, sin razón de ser, aparece un día, y
todo ese universo reaparece como si nunca
se hubiere sumergido tan hondo en el corazón.
No puedo saber si amor o pasión, ni, si llegado el caso,
merece la pena gastar tiempo en esa disquisición:
Es y fue; y puede que sea, no sé.
En un momento sin saberlo como un torbelino
tu espalda hace que tu ombligo salte por su cuenta.
Unas convulsiones que, si bien nacen en la mente,
recorren el corazón y las manos como un rayo
y se vuelven autónomos los átomos de tu cuerpo
no sabiendo entonces si tienes alguna dolencia
o una ocupación de la razón por un fuego
que luego va a la nuca recorre las espaldas
y desde los riñones al bajo vientre fluye en olas,
una manada de hormigas enloquecidas y en tropel
que hace que tus pies abran los dedos como un peine
para terminar asiendo el aire, que de tan fuerte,
sábes que no lo dejará escapar hasta que el corazón
amaine su ritmo y vuelvas a abrir los ojos.

No existe el borrado de datos en la nube.
Simplemente llega un día, en cualquier momento,
y un aroma de café recién hecho
te lleva al que llega de la cafetería
e inunda tu habitación...
y todo aparece de tal forma y verdad
que tu cuerpo se agita suavemente
y vuelves a revivir su cuerpo, su beso,
y su amor intemporal como el bálsamo de una vista:
Al fondo el cerro del Sagrado Corazón,
a la izquierda Torremangana y El Salvador;
Al frente, a tus pies
las copas de los árboles del Parque de San Julian
rodeando el quiosco de la música, franqueado por
los paseos con fuente de agua cristalina de la sierra;
donde, en mi infancia veía un teatro de guiñol,
los sábados a media mañana,
en aquella Cuenca única y
entrañable.

© GatoFénix (Renacer, al fin)