viernes, 20 de enero de 2017

Somos nuestras cicatrices: la sandía, el tarugo, el burrito y los cangilones de la noria.

Casi todo lo que escribo son diálogos interiores.
Esos que uno mantien dentro de sí y que no salen nunca.
A veces, como ahora, ese "nunca" se rompe como una sandía.
Todo sale desordenadamente como en una explosión,
sin otro fin que liberar la pulpa: el corazón.
Es como un círculo cerrado, pero no vicioso, que pretende, exclusivamente,
salir al aire fresco.
Un poco como irse uno mismo...lejos...
Y te llega el aire,tan fresco como el de esta noche de enero
pasado San Antón.

De toda caída, se sale.
Se acaba saliendo aunque remendado.
Hay cosas que no tienen reparación, y lo sabemos,
pero eso mismo ya es una manera de empezar a salir.
Somos nuestras cicatrices.

Al final tenemos que seguir cada vez más solos
recomponiendo el alma que son el corazón de la sandía:
Miguitas de pan esponjoso de rojo sangre;
Chispitas del fuego de una chimenea con piñas secas
y cáscara de naranja junto al tarugo de encina.

Si pudieras acercar la nariz en la explosión
sólo notarías el aroma de la esencia que persiste
más allá del tiempo.
Hay gente que no cree en esas cosas.
Incluso yo lo sé y por eso es un diálogo interior y
salta aquello en palabras sin mayor importancia.

Misterio es para mi que un corazón roto siga latiendo
como un ave que bate sus alas después del impacto;
Como que se pueda vivir sin él, o sin alma,
y lo he visto mucho...y con gran éxito,
es para mi misterio.

"De poco sirve nada.
De poco sirve todo.
Todo, para nada"

Lo escribí hace treinta años, y sigue vivo
aquel diálogo interior porque soy recurrente.
Ese admirado asno, con los ojos vendados,
dando vueltas y vueltas y vueltas...
atado al palo de la noria con sus cangilones.
Ese ruido de bazuqueo del agua del pozo
nos refresca las calidas tardes del verano
de nuestra vida en las siestas de Bolaños.

¡Pobre burrito!
¡Pobre tarugo de leña!... y
¡Pobre sandía!

Si hubiera alguien ahí en este presente, o dentro de cien años,
que disculpe estos pensamientos, luego diálogos interiores,
que han terminado por aquí en racimo..."que fue
que la sandía, de piel esmeralda, resbalosa, al abrazarla,
accidentalmente cayó...
y al hacerme añicos...
Me callo".







 © GatoFénix
("Hasta San Antón..."y una vez pasadas,con éxito, las ITVs. La mía y la de la moto)





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