lunes, 27 de febrero de 2017

Los minutos parecen horas, a veces.

A bordo de la Nave Insignia
de la Flota Estelar Enterprice,
los minutos parecen horas,
pero en la esfera del reloj
de la Puerta del Sol de Madrid.
Allí en la estancia fría,
oyendo las turbinas del ventilador,
cubierto con una sábana blanca,
sobre una superficie cóncava de metal
y con los brazos extendidos hacia atrás,
como si fuera a ser esposado a un potro,
yaces en la soledad de un espacio interestelar
con el sosiego que proporciona la resignación,
la impotencia y el estar entregado al vacío.
Cierro los ojos para centrarme en la inmovilidad.
Una vía en el brazo derecho espera el momento
de inocular el contraste y mientras
comienza un continuo deslizarse bajo el arco
como si todo yo me hubiera convertido en miembro
para consumar la coyunda.
Un ir hacia atrás y hacia delante,
que perdí la cuenta, obedeciendo la voz del comandante:
- "Llene los pulmones y retenga quieto"
- "Respire normalmente"
Y así unas tantas veces de perder la cuenta.
 Nuevo vaivén del acto y descanso.

Al cabo de un poco, noto, por el frío, el ataque.
Enemigos en forma líquida me invaden por la "Vía Apia"
camino de las entrañas por las tuberías y alcantarillas,
haciendose notar desde los pelos tiesos de la cabeza
hasta los testículos y alrededores de la cloaca máxima.
Es un calor ruboroso en la frente y en los labios, como si,
los filamentos de una tostadora se fueran encenciendo...
y luego el viaje ruboroso pasa al hígado y a los riñones;
pierdo el rastro hasta que reaparece en las partes pudendas
donde se manifiesta que casi podría contar las ramificaciones.

La boca sabe a metal y, poco a poco, el calor se disipa
mientras vuelve a empezar la misma deslizadera
y las mismas órdenes por megafonía del puente de mando de
este Enterprice que no termina de despegar de la lanzadera.
Una pausa y cambiando los brazos de posición para descansar
a la espera de otra tanda en este coitus interruptus,
metafóricamente hablando, aunque más me parece un griego,
por analogía de esta ingeniería cuasi fisiológica
con tecnología espacial.

Minutos que parecen horas y a la par vacíos de tiempo
donde las sensaciones y los sentimientos se amontonan
y sólo en otro espacio y otro tiempo se pueden ir devanando
como cuando tu madre colocaba tus brazos en "Dominus vobis cum" 
haciendo de telar para hacer el ovillo de Ariadna y nos sirviera
en situaciones como esta, de laberinto, donde te han metido;
para que sepas encontrar el camino de retorno a casa.

Y así, una y otra vez, volviendo a empezar el lío,
hasta que Dios quiera.

© GatoFénix (A la espera de noticias)