domingo, 3 de septiembre de 2017

La mar salá nos justifica






Hoy cuento las secuelas de un sueño.
Un sueño condicionado, tipo pesadilla, que aparece
hacia la mitad de la noche con la finalidad clara
de dejar diáfano el hueco del conocimiento
que fácilmente se obstruye con nuestra cobardía.

Este sueño que no cuento invita a recordar quiénes
y de qué materia somos.
Lejos de vivir en una nebulosa racional del conocimiento
somos constituidos de verdad. Una verdad que es luz
y nada tiene que ver con lo que nuestros miedos filtran.
Cierto que es una luz cegadora dentro de la noche,
Por eso nos resulta desconcertante.
Acostumbrados como estamos a entrever unas hilachas de cosas
mitad verdad hiperrealista y mitad confusión, mientras,
en ocasiones, sin ver físicamente nos hiere profundamente
una verdad que sólo a medias, en vigilia y sobrios, percibimos.

Un sueño como un mazazo en un camafeo de latón.
Algo que aplasta los relieves de las figuras haciéndolas
Planas hasta diluirlas en la materia de la que surgieron.

Te levantas cabizbajo y sin argumentos.
Quedas fuera de juego, inhabilitado, muerto.
Con esta realidad castradora, todavía has de escuchar
Que ahora tienes un discurso triste.

Como si cada discurso no saliera de un manantial;
Como si fuera posible nacer sin tener cabecera
Aunque luego tuviere cuenca para su discurrir
Y una mar salá en la que desembocar.

Cada elemento aporta la cualidad del curso
y a veces la mar remota es la única justificación.

Así podemos quedar absortos en un punto
porque unidos a él, sin palabras, nos desplazamos
hacia un destino común lleno de incertidumbres
Y comprendemos, sin mediar palabra; y flotamos,
o nos sumergimos profundamente en un pensamiento
ajeno y a la vez nuestro porque nos atañe y nos moja,
dejándonos empapados de una verdad que estaba en nosotros
y se despierta sin forma pero a la vez con un fondo profundo
que, hasta este momento, no nos era imaginable.


© GatoFénix

2 comentarios:

Isabel dijo...

Una hermosa reflexión

Jose Maria Garcia Toledo dijo...

Gracias, Isabel.
Verdaderamente es una experiencia.

GatoFenix