lunes, 9 de octubre de 2017

Somos hasta el desengaño: la posverdad.


Ahora sé qué es.
Andas buscando respuestas,
sin saber que no quieres encontrar nada,
o buscas sin saber qué buscas mientras vives.
Mientras vives, digo:
No hay tiempo para andar buscando
cuando te envuelve un torbellino de cosas, 
de personas, de trabajos, de risas y besos.
No. 
No hay tiempo para buscar, y por eso,
algún día, de improviso llega.
Somos, hasta el desengaño.
Por lo que me parece, en este momento,
la vida es esa montonera de cosas,
esa escasez de personas, 
esa rutina de tareas y esa soledad
teñida de electrónica, nuevas tecnologías,
achaques y dolores.
Donde el recuerdo y la memoria
hasta tiene que recontruirse al dictado
de los nuevos tiempos que te atropellan.
Donde te exigen silencio, y los pensamientos
se toleran, mientras no se digan, porque
ya saben lo que piensas y no es bien recibida
ni siquiera una justificación.
Parece que todo fuera un espejismo.
Pero era tan real que no puedo culparme
de estupidez.
El desengaño de aquello que creíste cierto
es muy triste y muy difícil de asimilar
porque es el primer motivo de incomunicación.
La impieza de comunicación del amor desaparece.
Dinamitado el canal, Dios sabe por qué,
El mensaje nunca llega al receptor porque
el camino del miedo, o del odio, o el de los fantasmas
que aparecen y que se creen con derecho a decidir:
qué es, y qué dice, y con qué intención se dice.
Y claro, con tanto ruido es imposible.
Este camino angosto es perverso porque
la claridad se transforma en confusión.
Nada hay peor que la confusión, de ahí,
 que éste sea el objeto de la mentira
y su triunfo.
Somos así.
 Eso, hasta el desengaño.
Puede ser esto consecuencia de lo que ahora llaman:
 la posverdad.

© GatoFénix

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