lunes, 30 de enero de 2017

Mi casa: Mi hogar.


Mi casa es la parte más exterior de mi cuerpo.
Una proyección de él y por eso es sagrada.
Mi casa es un lugar seguro, un espacio cerrado
donde vuelco mi energía para poder
recuperarla cuando la he gastado en el exterior.
Por eso mi casa es un lugar que proyecta lo que soy
y es el espacio que compartimos los miembros de mi familia.
Cada uno tiene derecho a costruir su casa
con las características que elija y eso es,
lo que verán aquellos que lleguen a entrar en ella.
Hay palabras que ayudan a entender cómo es una casa:
La intimidad.
Nadie puede atentar contra ella porque es imprescindible
para el desarrollo del ser humano en armonia y en equilibrio.
Para que se de la intimidad, hace falta respeto.

Respeto, que nace del respeto a uno mismo.
Es imprescindible respetarse a si mismo y luego
reconocer a los otros miembros de la familia
el rango que ocupan dentro de ese ámbito y en la sociedad.
En la casa como espacio personal y familiar
existen diferentes tiempos. Y,
aunque todos ellos son siempre privados,
hay situaciones 
en las que ese espacio puede ser más abierto, 
aún dentro de la privacidad.
Por eso para acceder a este espacio siempre es necesaria
una invitación.
Nadie puede autoinvitarse, ni acceder por voluntad propia,
porque eso es una invasión de una zona privada y que por tanto
está defendida y protegida por la Ley.
Cohexion
Uno tiene el deber y el derecho de defender su casa
con los medios que autorice la Ley de cada país
y que se tipifica como "legitima defensa".
 Implicación. Solidaridad. Lealtad
Pertenecer a una casa exige lealtad.
 Lealtad, que no es otra cosa que ser fieles defensores
de aquello que es nuestro hogar.
Cualquier conducta que ponga en peligro la intimidad
o la integridad de sus miembros es una traición.
Y la traición, como "el caballo de Troya", resquebraja
la cohesión y destruye la familia, a veces, sin obtener
ningún beneficio a cambio.
Orden jerárquico natural. Responsabilidad.
Todos los miembros: el padre, la madre y los hijos
son importantes porque sin ellos no existiría la familia,
ni tendría razón de ser.
Cada uno de ellos tiene unas responsabilidades.
Responsabilidad: palabra que tiene que ver con el grado
de servicio que le corresponde aportar para su sostenimiento.

Los tiempos en el hogar:
Los tiempos son importantes porque cada uno de ellos
viene marcado con unas caracteristicas especificas.
Es un tiempo más social el de las doce del medio día
o el de la tarde, pasadas las seis.
Horas, estas, adecuadas para hacer o para recibir visitas.
Las horas de las comidas ya son momentos de más intimidad,
siendo la comida de medio día de menor compromiso
y la cena, la comida de mayor compromiso familiar.
Las horas de la noche son las horas de mayor intimidad.
Compartir esas horas sólo corresponde a los familiares
o a los amigos de máxima confianza, porque implica
la pérdida, casi absoluta de la intimidad, y es cuando,
todos somos más vulnerables:
Las ropas pasan de ser informales a ser ropas para dormir;
se tienen que compartir baños, WC, tanto para el aseo personal
como para hacer nuestras necesidades humanas.
Por eso, la noche no puede ser un tiempo que se deba compartir
ni con frecuencia ni por largos periodos y mucho menos
como una cosa habitual porque indica una falta de consideración
hacia nosotros mismos y hacia el resto de los miembros
de la familia.
Comprar o alquilar una casa es algo muy costoso.
Tenemos que dedicar gran parte de nuestro salario para conseguirlo.
Dedicar muchas horas de trabajo fuera y dentro de la casa.
Pero crear un hogar requiere todo lo anterior más mucho amor, esmero
y dedicación, y sin embargo es tanta la fragilidad que se puede perder
sin remedio:
por un accidente, como un incendio;
por un asalto o un robo criminal;
o por una traición.
Cualquier motivo puede acabar con un hogar
y llegar a desaparecer...
como si nunca hubiera existido.
Y todo lo anterior podría resumirse en una palabra: Amor.
Si existe este sentimiento todo lo anterior ya está, porque el amor
se compone de cada una de esas cosas que antes he expuesto
y si no se da no hay forma de hacer entender ninguna de ellas.
 Las recuerdo:
AMOR, INTIMIDAD, RESPETO, ARMONIA,
EQUILIBRIO, COHEXIÓN, IMPLICACIÓN,
SOLIDARIDAD, LEALTAD, COLABORACIÓN.
ORDEN JERARQUICO NATURAL
RESPONSABILIDAD, SERVICIO 
Y finalmente FRAGILIDAD
© GatoFénix

viernes, 27 de enero de 2017

Feliz Año Nuevo chino: Gallo de fuego.

                                                                           
                                                                          © GatoFénix

Carmen y Pablo: la amistad como el buen paño.


 

Los Magos ya están de vuelta y
nos sobrevuelan precedidos de Papá Nöel
                                                                          © GatoFénix

Justo ayer aparecía esta ilustración propia de estas fechas
y que regalé a un matrimonio de amigos:
Carmen y Pablo de Tomelloso, firmada en el 84
La amistad es como el buen paño que dice el refrán:
"El buen paño, en el arca se vende", bueno pues
nuestra amistad ha estado junto a este dibujo en una preciosa arca
y que al verlo, nos abre un paraguas de informaciones, de imágenes, 
de risas, de comidas, de visitas 
(que eso en Tomelloso es poco frecuente por sus costumbres)
y como si de un tunel extraño, tipo agujero de gusano, nos conectara.
Podría haber sido ayer; y como que ese espacio, que suponen los años,
no hubiera existido.
La vida nos zarandea como a polichinelas de guiñol italiano.

Visto desde lejos es tan grotesco que ni nos reconocemos.
Caminamos dando tumbos, sin GPS, transitando en círculo
o zigzagueando a toda prisa para no llegar a ninguna parte.

- ¿Todo viene a ser lo mismo, no, Jose María? - Dice Pablo
- Pos, sí, Pablo - Respondo.Y no tenemos mucho más que contar.
Los hombres, que ya no quedamos, con una mirada franca,
una palmada y cuatro palabras dejamos zanjado un asunto
aunque sea tan transdendental que se escribiría una novela.

La amistad es eso muchos sentimientos y un colchón enorme, 
como de plumas, en el que nos movemos o estamos quietos
como las manecillas del reloj cuando extraemos la corona.

Pasear por Alcalá, por los lugares en donde hice la mili
es un ejercicio de locura y desvahimiento porque nada queda,
todo se ha transformado o se ha desvanecido.
Aquí estaba la sala de Suboficiales y la Prevención.
Me arrestaron a dormir aquí en un febrero gélido, en el suelo, 
con una manta, con rejas por ventanas y puerta como se ve
en las películas del Oeste.
El mismo chirriar, la misma llave y el mismo cemento helado
que al cabo de una semana me enfermó de tal manera que
de no ser atendido en la enfermería, hubiera muerto, de cierto. 

Ahora es una bibloteca confortable silenciosa y cálida y
justo enfrente estaba el Despacho del Oficial de Guardia a donde bajaba
a la firma los libros, cada noche o cuando era requerido por el Mando
cuando estaba asignado como escribiente del Oficial de Guardia.
Desfilaba el final del 76 y yo acabando el Servicio Militar
y por esas cosas de la vida me vi en una situación terrible.
Un tal sargento Carretón me acusó de barbaridades, que de no ser
por la confianza de Mi Capitan D. Bernardo Buesa y la del Oficial
de Guardia el Teniente Talaván, puede que aquello no hubiera acabado bien.

Todo esto con sólo asomar la cabeza en lo que fue mi cuartel.
Justo al lado de lo que correspondía a los Oficiales han puesto un museo.
Nos adentramos en él y vimos aquella colección de cadros con lienzos 
de los siglos XVI y XVII que parecían viñetas de estilo naif tenebrista,
donde su valor parecía más por la antigüedad que por su belleza.
Luego a la vuelta había esculturas y obras de tiempos actuales
y que una vez carentes del valor de la antigüedad no les acogía 
otra virtud y no nos gustaron ni pizca.

Ya en exterior nos volvimos a reencontrar con las calles, las plazas,
los edificios, los rincones, los portales, los patios y todo eso que 
quienes no vienen se pierden y que hace sentirte bien aunque
con una rara sensación de que no vas vestido acorde al tiempo que
ves, sientes y pisas en sus adoquines o guijarros o las paredes
de vigas vistas y las bajantes de las cañerías terminadas en dragones.

Arriba vigilantes y tranquilizadoras las parejas de cigüeñas 
con sus esbeltas patas sobre nidos descomunales afincados
en las tejados del Consistorio, y en las torres de las Iglesias del entorno
hasta en la Magistral, que cuando llegamos estaba cerrada.
Comimos en la cafeteria situada en uno de los tres patios del Rectorado
y lo pasamos francamente bien, con muy poca cosa.

                                         @GatoFénix





                                                                © GatoFénix




lunes, 23 de enero de 2017

Sobre el amor o la pasion inefable. Lo intemporal.

Unas hilachas como de telarañas blancas
pasan rozando mis pensamientos en la noche.
Parece que las barbas del viento del invierno
me tocan muy dentro y me agitan para recolocarme.

No hay palabras que vengan a contar los sentimientos.
La sensaciones más profundas y sus momentos:
Amor o pasión inefable...
La que empuja desde la yema de mis dedos un rubor
que arquea mi espalda y adelanta mis hombros hacia ti.
Un bálsamo de aguacate o la flor de azahar con melisa;
y un no saber que la piel es un pétalo de rosa;
o que hubiera gelatina tibia y sin esqueleto que
se descompusiera y se conformara
en el cuenco de la mano
una y otra vez.
Todavia los labios buscan donde asirse y todo
el recuerdo vuelve como inundado de saliva
y de caricias interiores que recubren mis paredes
con giros inolvidables e incontables.
Todo queda en la nube del tiempo y se descarga
con pequeños recuerdos que se abre como espitas
de viejos toneles curados por la oscuridad y el silencio
de esa cueva fresca y húmeda del inconsciente que
aleatoriamente, sin razón de ser, aparece un día, y
todo ese universo reaparece como si nunca
se hubiere sumergido tan hondo en el corazón.
No puedo saber si amor o pasión, ni, si llegado el caso,
merece la pena gastar tiempo en esa disquisición:
Es y fue; y puede que sea, no sé.
En un momento sin saberlo como un torbelino
tu espalda hace que tu ombligo salte por su cuenta.
Unas convulsiones que, si bien nacen en la mente,
recorren el corazón y las manos como un rayo
y se vuelven autónomos los átomos de tu cuerpo
no sabiendo entonces si tienes alguna dolencia
o una ocupación de la razón por un fuego
que luego va a la nuca recorre las espaldas
y desde los riñones al bajo vientre fluye en olas,
una manada de hormigas enloquecidas y en tropel
que hace que tus pies abran los dedos como un peine
para terminar asiendo el aire, que de tan fuerte,
sábes que no lo dejará escapar hasta que el corazón
amaine su ritmo y vuelvas a abrir los ojos.

No existe el borrado de datos en la nube.
Simplemente llega un día, en cualquier momento,
y un aroma de café recién hecho
te lleva al que llega de la cafetería
e inunda tu habitación...
y todo aparece de tal forma y verdad
que tu cuerpo se agita suavemente
y vuelves a revivir su cuerpo, su beso,
y su amor intemporal como el bálsamo de una vista:
Al fondo el cerro del Sagrado Corazón,
a la izquierda Torremangana y El Salvador;
Al frente, a tus pies
las copas de los árboles del Parque de San Julian
rodeando el quiosco de la música, franqueado por
los paseos con fuente de agua cristalina de la sierra;
donde, en mi infancia veía un teatro de guiñol,
los sábados a media mañana,
en aquella Cuenca única y
entrañable.

© GatoFénix (Renacer, al fin)

viernes, 20 de enero de 2017

Somos nuestras cicatrices: la sandía, el tarugo, el burrito y los cangilones de la noria.

Casi todo lo que escribo son diálogos interiores.
Esos que uno mantien dentro de sí y que no salen nunca.
A veces, como ahora, ese "nunca" se rompe como una sandía.
Todo sale desordenadamente como en una explosión,
sin otro fin que liberar la pulpa: el corazón.
Es como un círculo cerrado, pero no vicioso, que pretende, exclusivamente,
salir al aire fresco.
Un poco como irse uno mismo...lejos...
Y te llega el aire,tan fresco como el de esta noche de enero
pasado San Antón.

De toda caída, se sale.
Se acaba saliendo aunque remendado.
Hay cosas que no tienen reparación, y lo sabemos,
pero eso mismo ya es una manera de empezar a salir.
Somos nuestras cicatrices.

Al final tenemos que seguir cada vez más solos
recomponiendo el alma que son el corazón de la sandía:
Miguitas de pan esponjoso de rojo sangre;
Chispitas del fuego de una chimenea con piñas secas
y cáscara de naranja junto al tarugo de encina.

Si pudieras acercar la nariz en la explosión
sólo notarías el aroma de la esencia que persiste
más allá del tiempo.
Hay gente que no cree en esas cosas.
Incluso yo lo sé y por eso es un diálogo interior y
salta aquello en palabras sin mayor importancia.

Misterio es para mi que un corazón roto siga latiendo
como un ave que bate sus alas después del impacto;
Como que se pueda vivir sin él, o sin alma,
y lo he visto mucho...y con gran éxito,
es para mi misterio.

"De poco sirve nada.
De poco sirve todo.
Todo, para nada"

Lo escribí hace treinta años, y sigue vivo
aquel diálogo interior porque soy recurrente.
Ese admirado asno, con los ojos vendados,
dando vueltas y vueltas y vueltas...
atado al palo de la noria con sus cangilones.
Ese ruido de bazuqueo del agua del pozo
nos refresca las calidas tardes del verano
de nuestra vida en las siestas de Bolaños.

¡Pobre burrito!
¡Pobre tarugo de leña!... y
¡Pobre sandía!

Si hubiera alguien ahí en este presente, o dentro de cien años,
que disculpe estos pensamientos, luego diálogos interiores,
que han terminado por aquí en racimo..."que fue
que la sandía, de piel esmeralda, resbalosa, al abrazarla,
accidentalmente cayó...
y al hacerme añicos...
Me callo".







 © GatoFénix
("Hasta San Antón..."y una vez pasadas,con éxito, las ITVs. La mía y la de la moto)





lunes, 16 de enero de 2017

Ya estamos donde no hay camino, ni verdad, ni vida..

¡Quién lo iba a decir!
Lo empecé sospechando vagamente,
porque no se ve venir aquello que no está en nosotros
sino como miedo o remota hipótesis;
Luego abiertamente lo vi porque reconocía cosas,
cosas leídas o soñadas en las duermevelas
de la soledad compartida con lúcida tristeza e impotencia.
Después, no hace tanto, era para mi, evidente y le daba forma
a un discurso tan fresco como antiguo pero sorpresivo para los otros.

No sé las causas, podríamos apuntar varias, pero mejor no sugerir
que puede ser tomada la sugerncia como afirmación
y la afirmación como insulto y nunca sabe uno
dónde puede conducir esta concatenación,
tal y como están las cosas, aquí y ahora.

Es fácil que a estas alturas ya no me sigas el discurso,
porque te aburra o porque se den esas circunstancias,
no mencionadas y que conducen a la incomunicación.

Quedamos una minoría de personas que, si nos dejáramos llevar,
algunos estaríamos en sitios "atados en corto no fuera qué"...
o directamente muertos.
Muchos nos han precedido y hasta después de muertos
los siguen matando cada día.

Es fácil no entenderme porque en estas pocas frases hay
más cosas sin decir que las expuestas.
Por eso es tan misterioso el conocimiento del idioma.
Porque crea esas redes de información que configuran Universos.
Donde nos encontramos los amigos una y otra vez
porque ahí vivimos desde el principio.
Universos que están ahí fuera del espacio y del tiempo, pero que;
Algunos los comprenden y se nutren mientras viven;
Otros, los ven y los combaten;
Otros, los combaten aunque no los ven,
porque su amo le lo dice que lo haga;
Otros, emplean su vida y su dinero en confundir el espacio,
y así, tratar de elaborar mundos superpuestos llenos de mentiras
para perseguir, anular, hasta sustituir la verdad y matar la vida.

Sí, como ejemplo, "la verdad".
Nos servirá de clave para el párrafo anterior.
Los que me han entendido no necesitan que continue.
Compartimos universos, tan sutiles como reales y gratificantes.
Los otros grupos de "gente", por la causa contraria,
que bien mirado es un espejo de lo mismo: es inútil que siga.
Pues bien,
En este punto cartesiano se ubica la incomunicación.
Donde no hay camino: "ni Verdad ni Vida"

© GatoFénix 


jueves, 12 de enero de 2017

Mark Knopfler - I Will Never Love Again



Cuando caminas en la invisibilidad y de pronto
alguien te ve.
Te sorprendes y casi te ruborizas.
Sales de un paseo en la niebla a la luz.

Ahora te desubicas y se te olvida caminar.
El tiempo vuelve a formar un bucle y
te desconcierta.

Una mirada, unos ojos tras ella que te deja
parado, junto a ti mismo, incrédulo.


Hay amores que, por un milagro, no mueren
y por otro, de forma recurrente e inesperada,
llegan a ti, te llenan y te reviven;
como la brisa de una mañana de enero
cuando el día se asienta en tu corazón.

Luego vuelves a la invisibilidad donde transitas,
y sabes que el sueño y la vida se abrazan,
porque la vida es un sueño,
las más de las veces.

© GatoFénix

martes, 3 de enero de 2017

La vuelta a casa en la niebla. (II)

A las pocas horas, decido volver a Alcalá. Son las 19:00
Al bajar hacia la cochera de mi hermano me encuentro que ya es de noche.
La niebla mostraba las farolas encendidas como globos blancos y
me acordé de aquella Virgen de Lourdes en la esfera de cristal, de mi madre,
que al invertirla y volverla sobre la peana quedaba blanca de copos de nieve
y nos hacia embelesarnos, mudos, como hipnotizados, unos segundos.

Una vez con el casco puesto y sobre la moto me despido de "Brother" y
me dirijo a repostar a una gasolinera cercana.
Me gusta ir con el depósito lleno; que quedarse seco, con este tiempo,
no quiero ni imaginarlo.

Ya saliendo de Tomelloso, una vez atrás el taller de coches de mi amigo Pablo;
primera rotonda de la enoorme Cooperativa Virgen de las Viñas;
atrás las luces de las calles; tomamos la antigua carretera a la Alameda
y dejando Bodegas Centro Españolas a la derecha, nos sobrecoge la oscuridad.

Los primeros kilómetros me animan a la prudencia absoluta dentro de lo oscuro.
Todo parece "ese cuarto" de casa antigua, sólo que en la superficie, a la interperie.

La niebla es mucho más de lo que me temía: Una cueva llena de silencio.
Voy absolutamente sólo. No se oye ni el runrun del motor a bajas vueltas.
En la primera rotonda para incorporarme a la autovía era imposible ver
en qué parte estaba la via de servicio porque ni aparecía el cartel,
justo al pasar cerca, cerca, apaso de hombre, la veo, y rigiendome por la memoria
tal com hizo el ciego del chiste para calcular los cataplines del perro que lo meó,
sé que a muy poca distancia se encuentra la salida que debo tomar.
La veo a pocos pasos como la escalera de un sótano, y empiezo a subir la rampa
hasta incorporarme lento, pero sin titubeos, a la CM - 42.

Los primeros quinientos metros confirman que puedo ver unas cinco líneas
y espero hasta que llegue algún coche y me adelante para seguirlo  a su paso
y que me vaya abriendo camino.
No tarda en aparecer en mi retrovisor dos luces, y como voy lento, pegado a la derecha,
me adelanta y yo lo sigo a una distancia segura variando mi trayectoria del arcén
a las lineas intermitentes, y de vez en cuando al revés, buscando siempre una posible salida en caso de frenada de emergencia y para hacerme ver.
Comienza entonces la travesía de esta niebla espesa y fría que duraría ni se sabe.

Enciendo los puños calefactables y el asiento, porque empiezo a ver en el marcador
el aviso en forma de estrella de nieve, al lado de los dígitos 2.3ºC
El suelo era puro charol negro de zapato sin lustrar.
El parabrisas, empañado y transitado hacia arriba por unos regueros invertidos que ascendían hasta el borde terminando en una gotita titilante, que al poco, se desprendía para terminar en mis hombros o que me rebasaría, quien sabe,
para perderse en el rebufo y en la noche hasta que cayera al asfalto.

Sentir el viaje bajo esta boina de espuma de algodón de azucar te vuelve humano.
Bajo esta medusa llorona que nos sigue como una sombrilla caminamos, como si todo
se fuera desplazando bajo las ruedas y a los lados sintiendo la magia de ser motero.
Consciente y liviano, frágil y confiado en un devenir que te hace suyo y no al revés;
donde los pensamientos no tienen lugar y las sensaciones te inundan y te congratulan.

No es para todos. Lo sé. Pocos lo entenderán, y otros, en estos kilómetros hasta que llego a la desviación hacia Alameda de Alameda de Cervera, ya pensarían en buscar posada y a dormir calentitos;
A mi me pareció un tiempo indefinido en el que cambié de coche-guia dos veces
y en el que sentía moverme, hecho un ovillo, por un túnel sin tiempo, en un pequeño ruedo de espacio lleno de presente: Feliz.

Todo es un cauce de río y conozco sus inviernos desde el 76.
Era otra carretera en otro tiempo, yo era otro yo, que tal vez ni fuera nada, pero
la niebla agobiante de esta noche era la misma niebla:
un gujero de gusano con puertas secretas que conecta muchos mundos si somos capaces de transitar por sus entrañas.
En ese rodeo de Alameda de Cervera he sentido la misma soledad que entonces
y pasados casi cuarenta años, me encontraba en la misma vibración en un mundo paralelo
como simultáneo. Una maraña de experiencias hechas cosas evanescentes que me invitan
a tomar el curvón de izquierdas recostado en ellas.
Dejamos el cauce del nuevo canal de desagüe del pantano de Peñaroya, ahora seco, entonces rebosante transcurriendo al lado de una alameda enmarañada que desapareció.

Dejado atrás el pueblo, nos acercamos al puente sobre el curso del río Záncara, ahora inexistente y entonces lleno de agua y vida, donde se cogían los mejores cangrejos nacionales, pequeños y exquisitos, ahora inexistentes, porque "algún cerebro" de estos que tanto abundan en la España política de siempre, se le ocurrío repoblar con cangrejo americano,  que son grandes depredadores a la par que insulsos de sabor,
y acabaron con todos los nacionales.
Ahora queda un puente y unas exclusas pero lleva muchos años sin gota de agua.
Sin embargo el espíritu del Zancara pervive convocando su alma la niebla de siempre.
Por eso es tan interesante ver sin ver y sentir lo que viviste como si hubiera quedado
grabado en nuestras menorias: la del aire y la mía, que tal vez sea la misma cosa,
y que estoy seguro que no tardando será la suya la que me sobreviva aunque no haya
un eco en otra memoria humana y se pierda el conocimiento transcendente de las cosas.

Poco más allá, sé que está la desviación a Campo de Criptana.
La veo cuando estoy a su altura gracias a la potente luz de los faros y continúo
tras mi coche-guía hasta as inmediaciones de Alcázar de S. Juan. pone intermitente
y se sale por la derecha. Aminoro la marcha porque quedo sólo a la espera de que
algún otro coche me adelante y me facilite el camino.
Poco más adelante mpiezan a verse unos metros más de carretera, y acelero
hasta enontrarme un camion, y vuelve a cerrarse la niebra, pasando por los humedales
de la afueras camino de Villafranca.
Lo sigo agradecido pero por poco tiempo, ya que dada la poca velocidad, un turismo
nos adelante y yo lo sigo sin dudarlo inmerso como estábamos en el espacio exterior
o en un batiscafo en una fosa marina guiados por los fluorescentes que nos circundan.

Marca dos grados el panel de abordo cuando la medusa se agranda y se eleva
ampliando el espacio cuando hemos dejado la desviación de Camuñas y se vislumba
los pilotos traseros de otro cone y de otro más adelante y una flecha indicando Madrid.
Todos los vehiculos que me preceden siguen para Toledo y yo salgo en Madridejos.
Curva a la derecha. Luego a izquierda y me incorporo a la A-4 Dirección Madrid.
Por aquí la niebla sigue pero deja ver las fachadas iluminadas de lo que puede ser
una fábrica, a la izquierda y al frente y a la derecha la via de servicio que nos llevaría
al centro de la ciudad.
Hay un poco más de tráfico pero como un goteo, y pasado un arco, al pié: un radar.
Es un punto peligroso siempre, pero se agrava con este tiempo y con otros peores.
Con lluvias torrenciales y con hielos posteriores se forma un charco infernal.
En estas divagaciones y ya como fichas de dominó nos acercamos a Tembleque.
Por aquí se reconoce la meseta aunque sólo en el corazón.
Seguimos en el centro de un círculo. Ha dejado de ser ancha Castilla pero está en mi.
Está en mi mente esa manera de aprender a sufrir las inclemencias del tiempo.
Por aquí, no sabría decir las veces que he pasado.
De paso. Siempre de paso. A 40 grados y a 2.5 como ahora, imperturbado.
Esa manera silenciosa de ir por la vida, encajando golpes como un saco de boxeo.
"El que nace pa martillo, del cielo le caen los clavos" y un inusual bienestar
me ocupa cada rincón del cuerpo impropio de las condiciones exteriores.
No se me ha empañado, ni un poquito, la pantalla del casco con su pinlock.
La pantalla de la moto toda translúcida del relente y la niebla, subiéndole
como serpentinas como los dedos de una mano que se fuera alargando
para poder llegar a tocarme, pero que salvo alguna vez que llegan al casco
me mantengo a salvo y sin pizca de cansancio.
Sigue habiendo un tráfico fluido hasta el peine de carreteras de Ocaña.
Todo es un paisaje interior. Nada hay fuera.
Se ha tupido la niebla y la temperatura 1.2 veo de refilón Aranjuez, en un cartel.
No queda ni la referencia del olor a chufas. Hay farolas que apenas rompen
la tela de araña que nos captura como peces de aluminio en una tina de zinc.
Todo son brillos sin forma.
Destellos rojos de pilotos traseros y antinieblas o flashes ambar de intermitentes.
Este tramo es especialmente frío. Húmedo y frío por la proximidad del río.
Dejamos atrás Aranjuez y los siguientes kilómetros los paso como Nemo
en la corriende marina que me lleva surfeando por Pinto y Valdemoro
hasta desviarme a la derecha, en completa oscuridad, para la M-50.
La temperatura ha subido a 2.3 y sigo fascinado de como responde la moto.
Tene la cualidad de transmitir que las malas condiciones son cosas sin importancia
y que todo es fácil si te dejas envolver de las buenas maneras del motor.
Al poco, en una bajada y curvón de izquierdas tras los candiles de las farolas
indica Torrejón de Ardoz y a él me dirijo, para dejarlo al lado derecho y ahora sí,
en muy poquito, parado en casa.
El reloj marca 21:12
Abro el casco y tengo puesta una sonrisa de Netol.


© GatoFénix