jueves, 10 de mayo de 2018

¡Dios, qué soledad!

¡Dios, qué soledad nos acerca el conocimiento!
 
Estamos arrinconados donde no hay esquinas...
Un circulo de ajenos próximos, que son el prójimo.
 
No queda cobijo ahí sentado en las patatas del michinal.
Pero, tampoco hay desesperación desde entonces,
si acaso, 
esa tristeza propia del ser humano.
A veces...  
Tan temprano...








© GatoFénix

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