domingo, 7 de abril de 2019

Jóvenes promesas - Casa de la Moneda -Cromática-Diacrónica





Somos unos privilegiados
oyendo su música...de la que ya no queda.
Música en  la Casa de la Moneda. 
Mientras, otros jóvenes,
(Siempre "los otros" de Amenabar)
Irrumpen en la Magistral
burlándose de la Espiritualidad,
de la Cultura, de sus Ancestros,
de Santos nativos del pueblo
y que son nuestras raíces.
Unos privilegiados, que todavía nos dejan,
aunque entre burlas,
que oigamos algo tan "decadente", adjetivan,
como Bach.
La armonía de las matemáticas
flotando en sonidos que ocupan la Sala
para quienes quieren sentir en el Alma Eterna
del hombre sin Edad.
se puede ver, cerrando los ojos
el bamboleo de las ondas multicolores
de vientos , maderas y cuerda.
Te acuerdas de cuentos de la niñez
con aquel Flautista de Hamelín,
que con su flauta llevaba a los niños
hasta la Gruta Oscura.
La música siempre nos "rapta"
de alguna manera y hace dos cosas
simultáneamente:
- Nos saca de nuestra realidad del momento y
- Nos conduce a una gruta aparte del ahora...
siendo tiempo y medida,
nos saca del mismo y nos deja sin medida ni dimensiones
como si fuéramos un Todo, de lo que realmente,
Somos.
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Luego aparece un piano y sus gotas de agua
resuenan acompasadas
con la lluvia que tamborilea en el tragaluz
de mi buhardilla y...
nos arrastra, o nos inunda de soledad
húmeda y llorosa.
Es parte de nuestro Ser,
que sabemos eterno.
Viene y va en el péndulo del tiempo
con la batuta de la Directora haciendo 
que se nos encojan los hombros del alma
y,... nos dejamos llevar como saltando, jugueteando,
de charco en charco, como si los años no hubieran pasado
sobre nosotros con todas sus inclemencias.
Tenemos vagos recuerdos o ensoñamientos, mientras
llueve en los tejado de cada casa de Madrid y Alcalá,
nuestro cobijo nuestro,
como el pan nuestro de cada día,
la sagrada Oración.
¡Dios bendiga la música!
Porque aun siendo miserables, como somos, nos acerca
a lo intangible y podemos casi en un arpegio
de las teclas de Sergio a nuestras 
más profundas tristezas y salimos,
no sabemos cómo, a flote, y creo
que casi sonriendo, como si nos hubiéramos equivocado
en un paso de baile, sin pareja y sin público.
Que al fin así es nuestra vida.
Y cada cuesta
cromática-diacrónica,
la subimos como si fuera
el final.

© GatoFenix

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